El poder que oculta tu nombre es algo poderoso y muy desconocido. Cada trazo, cada palabra, la pronunciación de cada una de sus letras, arrojan información inteligente y profunda sobre nuestra evolución.
EL nombre de cada uno de nosotros no es casualidad, nuestro nombre es determinante en nuestro camino de vida, según la tradicción cabalística, el nombre y apellidos contienen el destino de quién lo porta.
El nombre nos enlaza con nuestra línea de ancestros, con nuestro clan y árbol genealógico. El nombre es una llamada a cumplir el plan de alma y el pacto divino que, a través de tus padres, el creador, tus ancestros y tu nombre y fecha concreta de nacimiento vienes a cumplir. La repetición de nombres en el clan familiar conlleva cargar con su tikkum, sus karmas y sus asuntos por resolver, pero nos da la posibilidad de dar otra mirada a lo que se repite a través de la energía contenida en los nombres. LLamar a una persona con un nombre diferente al suyo o con un apodo esconde información y secretos ocultos. Llamar a una persona en diminutivo es disminuirlo, empequeñecerlo, mantenerlo en baja autoestima, mantenerlo niño, no dejarle tomar las riendas del adulto, no dejarle tomar su poder, muchas veces ocurre de manera inconsciente. El nombre Maria muy utilizado en nombres compuestos, arroja una connotación negativa que de amargura, tristeza y pena, viene de la raíz MARA que en hebreo significa eso. Un nombre es una identificación necesaria para a través de nuestros padres hacer honor al pacto del propósito de nuestra alma y misión de vida. Rosa, mi nombre vale 46, justo mi despertar, número de reparación del ADN, cromosomas masculinos y femeninos, suman 46, edad en que comienza mi despertar, mi reparación.